Chano Lobato es una leyenda del cante flamenco. Comenzó su carrera cantando para el baile acompañando, entre otros, a Pastora Imperio, Pilar López, Manuela Vargas y al genial Antonio, con quien trabajó durante dieciséis años. En la década de los ochenta fue progresivamente cantando “alante” hasta convertirse en un auténtico maestro.
Se le recuerda especialmente por su maestría en los cantes de Cádiz: alegrías, cantiñas o tanguillos; pero era capaz de interpretar como pocos las malagueñas, soleares y seguiriyas, o palos más festeros como bulerías y tangos.
Chano fue una persona generosa y rebosante de simpatía, capaz de establecer un contacto cálido con el público. Es recordado también como un gran contador de historias, recuerdos e invenciones, que abarcaban desde la supuesta creación de la siesta por los tartessos hasta anécdotas de su larga carrera profesional.
La imagen está tomada en el año 2006, durante el concierto que Chano Lobato ofreció en el Festival Suma Flamenca de la Comunidad de Madrid.